Poemas y canciones de El señor de los anillos

 

 

 

Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.

Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.

Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.

Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro

en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,

un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

 

*

 

El camino sigue y sigue

desde la puerta.

El camino ha ido muy lejos,

y si es posible he de seguirlo

recorriéndolo con pie decidido

hasta llegar a un camino más ancho

donde se encuentran senderos y cursos.

¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

 

*

 

El camino sigue y sigue

desde la puerta.

El camino ha ido muy lejos,

y si es posible he de seguirlo

recorriéndolo con pie fatigado

hasta llegar a un camino más ancho

donde se encuentran senderos y cursos.

¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

 

*

 

En el hogar el fuego es rojo,

y bajo techo hay una cama;

pero los pies no están cansados todavía,

y quizás aún encontremos detrás del recodo

un árbol repentino o una roca empinada

que nadie ha visto sino nosotros.

 

Árbol y flor y brizna y pasto,

¡que pasen, que pasen!

Colina y agua bajo el cielo,

¡pasemos, pasemos!

 

Aun detrás del recodo quizá todavía esperen

un camino nuevo o una puerta secreta,

y aunque hoy pasemos de largo

y tomemos los senderos ocultos que corren

hacia la luna o hacia el sol

quizá mañana aquí volvamos.

 

Manzana, espino, nuez y ciruela

¡que se pierdan, se pierdan!

Arena y piedra y estanque y cañada,

¡adiós, adiós!

 

La casa atrás, delante el mundo,

y muchas sendas que recorrer,

hacia el filo sombrío del horizonte

y la noche estrellada.

Luego el mundo atrás y la casa delante;

volvemos a la casa y a la cama.

 

Niebla y crepúsculo, nubes y sombra,

se borrarán, se borrarán.

Lámpara y fuego, y pan y carne,

¡y luego a cama, y luego a cama!

 

*

 

¡Blancanieves! ¡Blancanieves! ¡Oh, dama clara!

¡Reina de más allá de los mares del Oeste!

¡Oh Luz para nosotros, peregrinos

en un mundo de árboles entrelazados!

 

¡Gilthoniel! ¡Oh Elbereth!

Es clara tu mirada y brillante tu aliento.

¡Blancanieves! ¡Blancanieves! Te cantamos

en una tierra lejana más allá del mar.

 

Oh estrellas que en un año sin sol

ella sembró con luminosa mano,

en campos borrascosos, ahora brillante y claro

vemos tu capullo de plata esparcido en el viento.

 

¡Oh Elbereth! ¡Gilthoniel!

Recordamos aún, nosotros que habitamos

en esta tierra lejana bajo los árboles,

tu luz estelar sobre los mares del Oeste.

 

*

 

¡Ho! ¡Ho! ¡Ho! A la botella acudo

para curar el corazón y ahogar las penas.

La lluvia puede caer, el viento puede soplar

y aún tengo que recorrer muchas millas,

pero me acostaré al pie de un árbol alto

y dejaré que las nubes naveguen en el cielo.

 

*

 

¡Oh, el baño a la caída de la tarde,

que quita el barro del cansancio!

Tonto es aquel que ahora no canta.

¡Oh, el agua caliente, qué bendición!

 

Oh, dulce es el sonido de la lluvia que cae

y del arroyo que baja de la colina al valle,

pero mejor que la lluvia y los arroyos rizados

es el agua caliente humeando en la tina.

 

Oh, el agua fresca, échala si quieres

en una garganta abrasada y complácete,

pero mejor es la cerveza si hay ganas de beber,

y el agua caliente que corre por la espalda.

 

¡Oh, es hermosa el agua que salta hacia arriba

en una fuente blanca bajo el cielo,

pero no ha habido nunca un sonido más dulce

que mis pies chapoteando en el agua caliente!

 

*

 

Adiós les decirnos al hogar y a la sala.

Aunque sople el viento y caiga la lluvia

hemos de partir antes que amanezca,

lejos, por el bosque y la montaña alta.

 

Rivendel, donde los elfos habitan aún,

en claros al pie de las nieblas del monte,

cruzando páramos y eriales iremos de prisa

y de allí no sabemos a dónde.

 

Delante el enemigo y detrás el terror,

dormiremos bajo el dosel del cielo,

hasta que al fin se acaben las penurias,

el viaje termine y la misión concluya.

 

¡Hay que partir, hay que partir!

¡Saldremos a caballo antes que amanezca!

 

*

 

Oh, vagabundos de la tierra en sombras,

no desesperéis. Pues aunque oscuros se alcen

todos los bosques terminarán al fin

viendo pasar el sol descubierto:

el sol poniente, el sol naciente,

el fin del día y el principio del día.

Al este o al oeste, los bosques acabarán.

 

*

 

¡Hola, dol! ¡Feliz, dol! ¡Toca un don diló!

¡Toca un don! ¡Salta! ¡Sauce del fal lo!

¡Tom Bom, alegre Tom, Tom Bombadillo!

 ¡Hola, ven alegre dol, querida derry dol! 

Ligeros son el viento y el alado estornino.

Allá abajo al pie de la colina, brillando al sol,

esperando a la puerta la luz de las estrellas,

está mi hermosa dama, hija de la dama del río,

delgada como vara de sauce, clara como el agua.

El viejo Tom Bombadil trayendo lirios de agua

vuelve saltando a casa. ¿Lo oyes cómo canta?

¡Hola, ven alegre dol, derry dol, alegre oh,

Baya de Oro, Baya de Oro, alegre baya amarilla.

Pobre viejo Hombre-Sauce, ¡retira tus raíces! 

Tom tiene prisa ahora.  La noche sucede al día.

Tom vuelve de nuevo trayendo lirios de agua.

¡Hola, ven derry dol! ¿Me oyes cómo canto?

 

*

 

¡Saltad, amiguitos, a lo largo del Tornasauce! 

Tom va adelante a encender las velas.

El sol se oculta pronto marcharéis a ciegas.

Cuando caiga la noche, las puertas se abrirán,

y en las ventanas brillará una luz amarilla.

No tengáis miedo ni de alisos ni de sauces,

ni de raíces ni de ramas.  Tom va adelante.

¡Hola, ahora, alegre dol! ¡Bien venidos a casa!

 

*

 

¡Hola, venid, alegre dol! ¡Bravos míos, saltad!

¡Hobbits, poneys, y todos, a la fiesta!

¡Que la alegría empiece! ¡Cantemos todos juntos! 

¡Que los cantos empiecen!  Cantemos todos juntos,

el sol y las estrellas, la luna, las nubes y la lluvia,

la luz en los capullos, el rocío en la pluma,

el viento en la colina, la campana en los brezos,

las cañas en la orilla, los lirios en el agua,

¡el viejo Tom Bombadil y la Hija del Río!

 

*

 

¡Oh delgada como vara de sauce!

¡Oh más clara que el agua clara!

¡Oh junco a orillas del estanque! ¡Hermosa Hija del Río!

¡Oh tiempo de primavera y tiempo de verano, y otra vez primavera!

¡Oh viento en la cascada y risa entre las hojas!

 

*

 

El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo,

de chaqueta azul brillante y zapatos amarillos.

 

*

 

Yo tenía allí una misión: recoger lirios de agua,

hojas verdes y lirios blancos para complacer a mi hermosa dama,

los últimos del año y preservarlos así del invierno,

para que florezcan a sus pies antes que las nieves se fundan.

Todos los años al fin del verano los busco para ella,

en una laguna profunda y clara, lejos bajando por el río;

allí se abren los primeros en primavera y allí duran más.

junto a esa laguna encontré hace tiempo a la Hija del Río,

la hermosa y joven Baya de Oro, sentada entre los juncos,

cantando dulcemente, y el corazón le golpeaba. 

      Tom abrió los ojos y miró a los hobbits con un repentino centelleo azul. 

Y esto fue bueno para vosotros, pues ahora no volveré

a descender a lo largo de las aguas del bosque,

mientras el año sea viejo.  Ni pasaré otra vez

junto a la casa del viejo Hombre-Sauce

antes de la gozosa primavera, cuando la Hija del Río

baje bailando entre los mimbres a bañarse en el agua.

 

*

 

¡Oh, Tom Bombadil, Tom Bombadilló!

Por el agua y el bosque y la colina, las cañas y el sauce,

por el fuego y el sol y la luna, ¡escucha ahora y óyenos!

¡Ven, Tom Bombadil, pues nuestro apuro está muy cerca!

 

*

 

Que se te enfríen las manos, el corazón y los huesos,

que se te enfríe el sueño bajo la piedra:

que no despiertes nunca en el lecho de piedra,

hasta que el Sol se apague y la Luna muera.

 

En el oscuro viento morirán las estrellas,

y que en el oro todavía descanses

hasta que el señor oscuro alce la mano

sobre el océano muerto y la tierra reseca.

 

*

 

¡Oh, Tom Bombadil, Tom Bombadilló!

   Por el agua y el bosque y la colina, las cañas y el sauce,

   por el fuego y el sol y la luna, ¡escucha ahora y óyenos!

   ¡Ven, Tom Bombadil, pues nuestro apuro está muy cerca!

 

*

 

El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo,

de chaqueta azul brillante y zapatos amarillos.

Nadie lo ha atrapado nunca, Tom Bombadil es el amo:

sus canciones son más fuertes, y sus pasos son más rápidos.

 

*

 

¡Fuera, viejo Tumulario! ¡Desaparece a la luz!

¡Encógete como la niebla fría, llora como el viento

en las tierras estériles, más allá de los montes!

¡No regreses aquí! ¡Deja vacío el túmulo!

Perdido y olvidado, más sombrío que la sombra,

quédate donde las puertas están cerradas para siempre,

hasta los tiempos de un mundo mejor.

 

*

 

¡Despertad ahora, mis felices muchachos! ¡Despertad y oíd mi llamada!

¡Que el calor de la vida vuelva a los corazones y a los miembros! 

La puerta oscura no se cierra; la mano muerta se ha quebrado.

La noche huyó bajo la Noche, ¡y el Portal está abierto!

 

*

 

¡Eh, ahora! ¡Ven, ahora! ¿Por dónde vas ahora?

¿Arriba, abajo, cerca, lejos, aquí, allí, o más allá?

¡Oreja-Fina, Nariz-Aguda, Cola-Viva y Rocino,

mi amigo Medias Blancas, mi Gordo Terronillo!

 

*

 

Las tierras de Tom terminan aquí; no traspasará las fronteras.

Tiene que ocuparse de su casa, ¡y Baya de Oro está esperando!

 

*

 

Hay una posada, una vieja y alegre posada

al pie de una vieja colina gris,

y allí preparan una cerveza tan oscura

que una noche bajó a beberla

el Hombre de la Luna.

 

El palafrenero tiene un gato borracho

que toca un violín de cinco cuerdas;

y el arco se mueve bajando y subiendo,

arriba rechinando, abajo ronroneando,

y serruchando en el medio.

El posadero tiene un perrito

que es muy aficionado a las bromas;

y cuando en los huéspedes hay alegría,

levanta una oreja a todos los chistes

y se muere de risa.

 

Ellos tienen también una vaca cornuda

orgullosa como una reina;

la música la trastorna como una cerveza

y mueve la cola empenachada

y baila en la hierba.

 

¡Oh las pilas de fuentes de plata

y el cajón de cucharas de plata! 

Hay un par especial de domingo

que ellos pulen con mucho cuidado

la tarde del sábado.

 

El Hombre de la Luna bebía largamente

y el gato se puso a llorar;

la fuente y la cuchara bailaban en la consola,

y la vaca brincaba en el jardín,

y el perrito se mordía la cola.

 

El Hombre de la Luna empinó el codo

y luego rodó bajo la silla,

y allí durmió soñando con cerveza;

hasta que el alba estuvo en el aire

y se borraron las estrellas.

 

Luego el palafrenero le dijo al gato ebrio:

-Los caballos blancos de la luna

tascan los frenos de plata y relinchan

pero el amo ha perdido la cabeza,

¡y ya viene el día!

 

El gato en el violín toca una jiga-jiga

que despertaría a los muertos,

Chillando, serruchando, apresurando la tonada,

y el posadero sacude al Hombre de la Luna,

diciendo: ¡Son las tres pasadas!

 

Llevan al hombre rodando loma arriba

y lo arrojan a la luna,

mientras que los caballos galopan de espaldas

y la vaca cabriola como un ciervo

y la fuente se va con la cuchara.

 

Más rápido el violín toca la jiga-jiga;

la vaca y los caballos están patas arriba,

y el perro lanza un rugido,

y los huéspedes ya saltan de la cama

y bailan en el piso.

 

¡Las cuerdas del violín estallan con un pum! 

La vaca salta por encima de la luna,

y el perrito se ríe divertido,

y la fuente del sábado se escapa corriendo

con la cuchara del domingo.

 

La luna redonda rueda detrás de la colina,

mientras el sol levanta la cabeza,

y con ojos de fuego observa estupefacta

que aunque es de día todos

 volvieron a la cama.

 

*

 

          No es oro todo lo que reluce,

          ni toda la gente errante anda perdida;

          a las raíces profundas no llega la escarcha;

          el viejo vigoroso no se marchita.

          De las cenizas subirá un fuego,

          y una luz asomará en las sombras;

          el descoronado será de nuevo rey,

          forjarán otra vez la espada rota.

 

*

 

Gil-galad era un rey de los elfos;

los trovadores lamentaban la suerte

del último reino libre y hermoso

entre las montañas y el océano.

 

La espada del rey era larga y afilada la lanza,

y el casco brillante se veía de lejos;

y en el escudo de plata se reflejaban

los astros innumerables de los campos del cielo.

 

Pero hace mucho tiempo se alejó a caballo,

y nadie sabe dónde habita ahora;

la estrella de Gil-galad cayó en las tinieblas

de Mordor, el país de las sombras.

 

*

 

Las hojas eran largas, la hierba era verde,

las umbelas de los abetos altas y hermosas

y en el claro se vio una luz

de estrellas en la sombra centelleante.

Tinúviel bailaba allí,

a la música de una flauta invisible,

con una luz de estrellas en los cabellos

y en las vestiduras brillantes.

 

Allí llegó Beren desde los montes fríos

y anduvo extraviado entre las hojas

y donde rodaba el Río de los Elfos,

iba afligido a solas.

Espió entre las hojas del abeto

y vio maravillado unas flores de oro

sobre el manto y las mangas de la joven,

y el cabello la seguía como una sombra.

 

El encantamiento le reanimó los pies

condenados a errar por las colinas

y se precipitó, vigoroso y rápido,

a alcanzar los rayos de la luna.

Entre los bosques del país de los ellos

ella huyó levemente con pies que bailaban

y lo dejó a solas errando todavía

escuchando en la floresta callada.

 

Allí escuchó a menudo el sonido volante

de los pies tan ligeros como hojas de tilo

o la música que fluye bajo tierra

y gorjea en huecos ocultos.

Ahora yacen marchitas las hojas del abeto

y una por una suspirando

caen las hojas de las hayas

oscilando en el bosque de invierno.

 

La siguió siempre, caminando muy lejos;

las hojas de los años eran una alfombra espesa,

a la luz de la luna y a los rayos de las estrellas

que temblaban en los cielos helados.

El manto de la joven brillaba a la luz de la luna

mientras allá muy lejos en la cima

ella bailaba, llevando alrededor de los pies

una bruma de plata estremecida.

 

Cuando el invierno hubo pasado, ella volvió,

y como una alondra que sube y una lluvia que cae

y un agua que se funde en burbujas

su canto liberó la repentina primavera.

El vio brotar las flores de los elfos

a los pies de la joven, y curado otra vez

esperó que ella bailara y cantara

sobre los prados de hierbas.

 

De nuevo ella huyó, pero él vino rápidamente,

¡Tinúviel! ¡Tinúviel!

La llamó por su nombre élfico

y ella se detuvo entonces, escuchando.

Se quedó allí un instante

y la voz de él fue como un encantamiento,

y el destino cayó sobre Tinúviel

y centelleando se abandonó a sus brazos.

 

Mientras Beren la miraba a los ojos

entre las sombras de los cabellos

vio brillar allí en un espejo

la luz temblorosa de las estrellas.

Tinúviel la belleza élfica,

doncella inmortal de sabiduría élfica

lo envolvió con una sombría cabellera

y brazos de plata resplandeciente.

 

Larga fue la ruta que les trazó el destino

sobre montañas pedregosas, grises y frías,

por habitaciones de hierro y puertas de sombra

y florestas nocturnas sin mañana.

Los mares que separan se extendieron entre ellos

y sin embargo al fin de nuevo se encontraron

y en el bosque cantando sin tristeza

desaparecieron hace ya muchos años.

 

*

 

El troll estaba sentado en un asiento de piedra,

mordiendo y masticando un viejo hueso desnudo;

había estado royéndolo durante años y años,

pues un pedazo de carne era difíci1 de encontrar.

Vivía solo en una caverna de las colinas

y un pedazo de carne era difícil de encontrar.

 

Llegó Tom calzado con grandes botas

y le dijo al troll.- «¿Qué es eso, por favor?

pues se parece a la tibia de mi tío Tim,

que tendría que estar en el cementerio.

Hace ya muchos años que Tim se nos ha ido

y aún tendría que estar en el cementerio.»

 

«Compañero», dijo el troll, «es un hueso robado,

¿pero de qué sirve un hueso en un agujero? 

Tu tío estaba muerto como un lingote de plomo

mucho antes que yo encontrara esta tibia.

Puede darle una parte a un pobre viejo troll

pues él no necesita esta tibia».

 

«No entiendo por qué las gentes como tú»,

dijo Tom, «han de servirse libremente

la canilla o la tibia de mi tío,

¡Pásame entonces ese viejo hueso!.

Aunque esté muerto, aún le pertenece;

¡Pásame entonces ese viejo hueso!».

 

«Un poco más», dijo el troll sonriendo,

«y a ti también te comeré y roeré las tibias.

¡Un bocado de carne fresca me caerá bien! 

Te clavaré los dientes ahora mismo.

Estoy cansado de roer viejos huesos y cueros.

Tengo ganas de comerte ahora mismo».

 

Pensando aún que se había asegurado la cena

descubrió que no tenía nada en las manos,

pues Tom por detrás se había deslizado

lanzándole un puntapié como buena lección,

«un puntapié en las asentaderas», pensó Tom,

«será el modo de darle una buena lección».

 

Más duros que la piedra son la carne y el hueso

de un troll que está sentado a solas en la loma;

tanto valdría patear la raíz de la montaña,

pues las asentaderas de un troll son insensibles.

El viejo troll rió oyendo que Tom gruñía.

Y supo que el pie de Tom era sensible.

 

Tom regresó a su casa arrastrando la pierna

y el pie le quedó estropeado mucho tiempo,

pero al Troll no le importa y está siempre allí

con el hueso que le birló al propietario.

Las asentaderas del troll son siempre las mismas,

¡y también el hueso que le birló al propietario!

 

*

 

Eärendil era un marino

que en Arvernien se demoró;

y un bote hizo en Nimrethel

de madera de árboles caídos;

tejió las velas de hermosa plata,

y los faroles fueron de plata;

el mascarón de proa era un cisne

y había luz en las banderas.

 

De una panoplia de antiguos reyes

obtuvo anillos encadenados,

un escudo con letras rúnicas

para evitar desgracias y heridas,

un arco de cuerno de dragón

y flechas de ébano tallado;

la cota de malla era de plata

y la vaina de piedra calcedonia,

de acero la espada infatigable

y el casco alto de adamanto;

llevaba en la cimera una pluma de águila

y sobre el pecho una esmeralda.

 

Bajo la luna y las estrellas

erró alejándose del norte,

extraviándose en sendas encantadas

más allá de los días de las tierras mortales.

 

De los chirridos del Hielo Apretado,

donde las sombras yacen en colinas heladas,

de los calores infernales y del ardor de los desiertos

huyó de prisa, y errando todavía

por aguas sin estrellas de allá lejos

llegó al fin a la Noche de la Nada,

y así pasó sin alcanzar a ver

la luz deseada, la orilla centelleante.

Los vientos de la cólera se alzaron arrastrándolo

y a ciegas escapó de la espuma

del este hacia el oeste, y de pronto

volvió rápidamente al país natal.

 

La alada Elwin vino entonces a él

y la llama se encendió en las tinieblas;

más clara que la luz del diamante

ardía el fuego encima del collar;

y en él puso el Silmaril

coronándolo con una luz viviente;

Eärendil, intrépido, la frente en llamas,

viró la proa, y en aquella noche

del Otro Mundo más allá del Mar

furiosa y libre se alzó una tormenta,

un viento poderoso en Termanel,

y como la potencia de la muerte

soplando y mordiendo arrastró el bote

por sitios que los mortales no frecuentan

y mares grises hace tiempo olvidados;

y así Eärendil pasó del este hacia el oeste.

 

Cruzando la Noche Eterna fue llevado

sobre las olas negras que corrían

por sombras y por costas inundadas

ya antes que los Días empezaran,

hasta que al fin en márgenes de perlas

donde las olas siempre espumosas

traen oro amarillo y joyas pálidas,

donde termina el mundo, oyó la música.

Vio la montaña que se alzaba en silencio

donde el crepúsculo se tiende en las rodillas

de Valinor, y vio a Eldamar

muy lejos más allá de los mares.

Vagabundo escapado de la noche

llegó por último a un puerto blanco,

al hogar de los elfos claro y verde,

de aire sutil; pálidas como el vidrio,

al pie de la colina de Ilmarin

resplandeciendo en un valle abrupto

las torres encendidas del Tirion

se reflejan allí, en el Lago de Sombras.

 

Allí dejó la vida errante

y le enseñaron canciones,

los sabios le contaron maravillas de antaño,

y le llevaron arpas de oro.

De blanco élfico lo vistieron

y precedido por siete luces

fue hasta la oculta tierra abandonada

cruzando el Calacirian.

Al fin entró en los salones sin tiempo

donde brillando caen los años incontables,

y reina para siempre el Rey Antiguo